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SALUD ·
¡Que
no se le pase el arroz!
La
edad óptima para tener hijos se sitúa entre los 25 y los 35 años
Por Patricia Matey
Ángela Molina, Ana
Rosa Quintana, Geena Davis, Madonna... todas ellas y muchas otras mujeres
anónimas tienen algo en común: han desafiado a las leyes de la Naturaleza
y han decidio ser madres cumplidos los 40.
La edad en la que
las féminas de los países occidentales deciden tener su primer hijo se
retrasa de año en año. Y ya desde 1997 son las españolas las que más tiempo
resisten sin dejarse tentar por el ’reloj biológico’: mientras que la
media en Europa se sitúa a los 29,5 años aquí está en los 30,7.
Pero pese al sinfín
de argumentos que justifican esta tardanza (emparejamientos tardíos, incorporación
al mundo laboral, dificultad para conciliar el trabajo y la vida familiar,
problemas económicos, difícil acceso a la vivienda) el deseo de ser madre
a última hora no siempre se acompaña de éxito.
Todos los especialistas
consultados por SALUD coinciden en que, sin lugar a dudas, la edad idónea
para tener descendencia se sitúa entre los 25 y los 35, incluso alguno
de ellos adelanta esta fecha a entre los 20 y los 30. Cada nuevo cumpleaños
tras la celebración de los 35 supone claramente menor tasa de fertilidad,
más probabilidades de aborto espontáneo y de defectos congénitos en los
bebés.
Sin embargo, la tendencia
a apurar el tiempo hasta poco antes de la ’fecha de caducidad’ parece
no tener vuelta atrás. «Cada año que pasa estamos observando un aumento
en la edad de la futura madre, de hecho en nuestro centro [el Instituto
Valenciano de Infertilidad (IVI)] el 30% de las que acuden en busca de
terapia es mayor de 40 años», señala Agustín Ballesteros, director del
IVI en Barcelona.
Teresa, nombre ficticio
de una mujer de 46 años que desea ocultar su identidad, ha relatado a
este suplemento su experiencia y las razones que la llevaron a ser madre,
por primera vez, hace cuatro años. «No tenía una situación económica estable,
lo que me obligó a posponer mi maternidad. Me costó más de nueve meses
quedarme embarazadas pero al final lo logré. Me encontraba bien de salud,
pero tuve que someterme a una amniocentesis para descartar que el feto
tuviera problemas. Ya no voy a tener otro. Si hubiera empezado antes,
sí me habría gustado tener más descendencia».
El caso de Teresa
se asemeja al de otras muchas. Lo demuestran los datos de la Encuesta
de Fecundidad de 1999 del Instituto Nacional de Estadística -realizada
con 7.794 mujeres de entre 15 y 49- en la que un 9% reconoció no tener
más descendencia por «demasiada edad».
Es más, tal y como apunta José Luis Ballesta, presidente de la Sociedad
Española de Andrología, «cada vez estamos ante más casos de problemas
reproductivos debido al incremento de la edad tanto de la madre como del
padre». Pero la ciencia está poniendo a disposición de las parejas nuevos
métodos que permiten saltarse la barrera cronológica.
Desde la fecundación
’in vitro’ (FIV), hasta la congelación de óvulos, pasando por las células
madre. Ayer, el IVI anunció la puesta en marcha del primer banco de tejido
ovárico nacional en el Hospital Peset de Valencia, lo que facilita no
sólo que una mujer preserve su fertilidad, sino que muchas otras que tienen
que someterse a tratamientos agresivos (como terapias contra el cáncer)
que pueden dejarlas estériles conserven su opción de aumentar la familia.
No obstante, esta
semana dos artículos en sendas revistas científicas recuerdan los inconvenientes
de prolongar sin límite la edad en la que se traen hijos al mundo.
’Avanzando en la edad materna: cuándo ser mayor es demasiado mayor.’ Así
titula Linda Heffner, del departamento de Obstetricia y Ginecología de
la Facultad de Medicina de Boston (EEUU) un artículo que recoge la última
edición de la revista ’The New England Journal of Medicine’.
En él se refleja que el número de hijos por cada 1.000 mujeres de entre
35 y 39 años se ha incrementado en un 36% de 1991 a 2001 y en un 70% entre
las de 40 y 44. Por otro lado, se enumeran las consecuencias que tiene
en la fertilidad cumplir años y, finalmente, se recuerda que «la década
entre los 25 y los 35 años es la ideal para ser madre».
Los motivos de esta recomendación: «Generalmente, la educación de la mujer
se ha completado, ya ha logrado experiencia en su vida laboral y el embarazo
es seguro», apunta Heffner.
Sin embargo, la Naturaleza ’t’iene su propia ’explicación’ por la que
los embarazos deben darse en mujeres jóvenes. Todas nacen con 400.000
óvulos, aproximadamente y cada mes se pierde un porcentaje de ellos. Así,
por poner un ejemplo, mientras que las féminas de entre 18 y 24 años poseen
200.000; las de entre 25 y 31 cuentan con 75.000, y cuando llegan a los
45, la ’reserva’ sólo asciende a 10.000.
«La capacidad de embarazo
disminuye claramente con la edad. A partir de los 35 decrece significativamente»,
recuerda Roberto Matorras, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad
y jefe de la Unidad de Reproducción del Hospital de Cruces de Bilbao.
El experto, coincidiendo con la especialista de Boston, insiste en que
«en nuestro medio, el momento ideal de embarazo está entre los 25 y los
35 años». Sin embargo, las españolas casi no tienen hijos (una media de
1,2 por mujer, récord mundial de natalidad baja) y, cuando se deciden
engendrarlos, es cada vez más cerca de la menopausia. De hecho, el 11%
de las parejas tiene su primer vástago cumplidos los 35.
ELLOS
Pero a mayor retraso, menor oportunidad
de embarazo: entre las parejas jóvenes con una fertilidad normal, las
posibilidades de concebir son de hasta un 30% por cada mes que lo intentan.
Por el contrario, cuando la mujer alcanza la treintena esta probabilidad
desciende hasta un 10%-15% y, cerca de la cuarta década de la vida, el
porcentaje es sólo del 5%. En España hay 800.000 parejas en edad fértil
con problemas de esterilidad, un 25% más que hace una década.
Y no sólo el envejecimiento del sexo femenino es responsable de los problemas
de reproducción, el masculino lleva su parte de ’carga.’ «Cuanto mayor
es la mujer menos fértil y, por tanto, necesita más espermatozoides para
lograr un embarazo. Sin embargo, está demostrado que aunque la fertilidad
del varón se prolonga más, pero a costa de que decrecen los espermatozoides
y la movilidad y la calidad de los mismos», aclara el doctor Ballesta.
De hecho, un estudio publicado en ’Human Reproduction’ señala que cumplir
años tiene un gran impacto en la movilidad de los espermatozoides, que
se reduce un 0,7% al año.
Es decir, tal y como queda reflejado en el trabajo, entre los participantes
con 22 años, sólo el 25% de los espermatozoides tenía una movilidad anormal,
pero este porcentaje aumentaba al 40% a los de 30 años, mientras que para
los de 40 y los de 60 se situaba en el 60% y el 85%, respectivamente.
«Este es uno de los motivos por los que en los bancos de semen se prefiere
a donantes jóvenes», aclara el presidente de la Sociedad Española de Andrología.
El paso del tiempo, y sus consecuencias, no es la única premisa que esgrimen
los especialistas para apoyar gestaciones a edades más tempranas.
Los factores de riesgo
- fundamentalmente dos- son el otro pilar de su defensa. El primero de
ellos es el número de abortos espontáneos. «Mientras que el porcentaje
es del 10% cuando la futura madre tiene 20 años, esta cifra aumenta hasta
cerca de un 90% en las de 45 o más», se aclara en el artículo del ’New
England’. Una idea de la que también se hace eco el artículo especial,
’Fertilidad: fronteras de la reproducción’ que recoge el último de ’Nature’.
El segundo motivo es que las probabilidades de aumento de anomalías cromosómicas.
Para la doctora María Jesús Cancebo, del Servicio de Ginecología y Obstetricia
del Hospital Universitario de Guadalajara, «a las malformaciones en los
fetos, como el síndrome de Down, cuya incidencia se va elevando con la
edad, se suman las patologías propias del paso del tiempo, como la hipertensión,
la diabetes o los miomas uterinos que pueden afectar a la madre.
Todo ello hace que, desde el punto de vista obstétrico, se defienda una
maternidad entre los 20 y los 30 años, como mucho hasta los 35, pero la
realidad es que atendemos cada vez a más mujeres mayores. Aunque en estos
casos hay que actuar de forma distinta, y tratar de aplicar pruebas, como
las de diagnóstico prenatal, las cosas no tienen porqué ir siempre mal.
A estas mujeres las podemos ayudar».
El mismo mensaje envía José Manuel Bajo Arenas, presidente de la Sociedad
Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), al defender que «tan importante
es recordar que la obligación y el papel de los médicos es advertir e
informar de los riesgos de ser madre añosa, como ayudarlas con las nuevas
técnicas a que se produzcan embarazos de fetos sanos».
LA ÚLTIMA OPCIÓN
Para las que deciden esperar hasta
el final y ya están experimentando los fallos en su fertilidad, los métodos
de reproducción asistida ofrecen una última alternativa.
Las interesadas tienen a su disposición 126 centros españoles (sólo 21
de ellos son públicos), pero tendrán que afrontar facturas que van desde
3.000 a 6.000 euros por cada ciclo terapéutico (para conseguir un embarazo
se pueden emplear hasta seis de ellos) y, a lo peor, no ven cumplido su
deseo.
Científicos de la Universidad de Tel Aviv (Israel), publicaron un estudio
en ’Fertility and Sterility’ con casi 400 mujeres de 41 años o más que
trataban de quedarse embarazadas mediante el uso de FIV. Al cabo de cinco
años de seguimiento, sólo un 5% logró ser madre. Otros inconvenientes
son el riesgo de embarazo múltiple, de cesáreas o de niños de bajo peso,
entre otros.
Agustín Ballesteros explica, en cambio, que las tasas de éxito de la FIV,
«son similares a las que obtenemos si el embarazo fuera natural. En las
de menos de 40 años estamos logrando un 50%, pero el porcentaje se reduce
al 30% para las que sobrepasan esta edad». Una técnica que ayuda a elevar
el éxito es el diagnóstico preimplantacional.
«A partir de los 40 años aconsejamos el análisis de los embriones antes
de implantarlos porque así hay menos riesgo de anomalías y de aborto»,
insiste. De hecho, un estudio llevado a cabo por el IVI de Barcelona constata
«la tasa de abortos fue de hasta un 40% entre las que no se sometieron
al diagnóstico».
Además, y según este experto, esta técnica facilita una información muy
importante, «porque podemos observar si merece la pena seguir transfiriendo
embriones o si todos van a ser defectuosos, por lo que nos planteamos
recurrir a otros métodos, como óvulos de donante».
En este sentido,Ballesta recuerda que si «se utiliza un óvulo de una mujer
de 20 años, en una de 50 o 60 el riesgo de malformaciones es mínimo, pero
surge el dilema de aplicarlo a mujeres mayores, que en lugar de madres
van a ser abuelas.
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