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ECOLOGIA · Flora
y Fauna
Esta diversidad paisajística
está acompañada por ecosistemas frágiles con una abundante flora y fauna,
que hoy requieren de un adecuado estudio y protección.
Dentro de su territorio existen
cinco tipos distintos de bosques:
El bosque serrano se
desarrolla en sierras donde la poca profundidad del suelo determina
el crecimiento de especies adaptadas a los sitios donde no abunda el
agua. Predominan el tala, el coronilla, la aruera y los canelones, que
le dan su característico aspecto de bosque espinoso.
El bosque de quebrada
crece encajonado entre dos laderas, en lugares protegidos del viento
y con agua y sombra abundantes, donde se desarrolla un microclima húmedo,
que favorece el crecimiento de árboles de gran tamaño y de otras especies
como los helechos.
El bosque ribereño
se ubica en la ribera de ríos y arroyos; constituye una comunidad densa
donde las especies se disponen en franjas de acuerdo con su mayor o
menor afinidad con el agua. Sarandíes, sauces, curupíes y mataojos de
agradable fragancia tienen sus raíces en contacto con el agua. En la
franja intermedia están el chal chal, el arrayán y la aruera, mientras
que más alejados se encuentran especies por lo general espinosas, como
el molle, el coronilla -talada indiscriminadamente para aprovechar su
muy dura madera- y el tembetarí. También abundan los ceibos y es frecuente
la palmera pindó.
El palmar de butiá
ocupa unas 70.000 hectáreas en los departamentos de Rocha y Treinta
y Tres. La palmera butiá es una especie propia del Uruguay y del sur
de Brasil, pero las agrupaciones que forma en nuestro país son únicas
por sus dimensiones y por su densidad.
La palmera butiá no corre
riesgo de extinción, pero sí el palmar, hoy compuesto casi exclusivamente
por palmeras que ya tienen una edad estimada de entre 200 y 300 años.
El envejecimiento del palmar se torna dramático porque el ganado se
come las plantas jóvenes, por lo cual los ejemplares no se renuevan.
La agricultura lo afecta aún más negativamente, puesto que altera la
estructura del suelo y de su ecosistema.
La conservación del palmar
no es una tarea fácil. Experimentos realizados en zonas donde se ha
excluido al ganado han tenido un éxito parcial al crecer una gran cantidad
de retoños, pero muchos de éstos murieron por tener un crecimiento más
lento que otras plantas, no pudiendo competir con ellas por la luz del
sol. Las nuevas palmeras solo tienen éxito en lugares serranos bien
protegidos, en la orilla de los arroyos y en los bordes de las carreteras,
donde no accede el ganado.
Preservar los palmares de
Rocha es un desafío que enfrenta el país, tanto por su potencial económico
como por su valor cultural y paisajístico.
El bosque psamófilo costero
se encuentra en la costa de las lagunas y del Atlántico. Su principal
característica es su adaptación a las condiciones ambientales extremas:
suelos arenosos pobres y fuertes vientos que son los que le dan su clásico
aspecto achaparrado. Las especies características de esta formación
son: canelón, aruera, molle, coronilla, envira, espina de la cruz y
varios tipos de cactus. En franco retroceso debido al desarrollo humano,
este tipo de bosque, tiene su mejor y casi único ejemplo en los bosques
costeros de la playa El Caracol, en Rocha.
Los matorrales son la
formación vegetal donde predominan los arbustos altos y densos. El matorral
serrano suele ser la transición entre el bosque serrano y la pradera.
Sus especies más abundantes son la espina de la cruz, chirca de monte,
espina amarilla, tala gateador, congorosa, sombra de toro y varios tipos
de cactáceas. Suele ser quemado para ampliar las áreas de pastoreo. El
matorral psamófilo es propio de las lomas y dunas costeras y su composición
varía según la zona.
Dentro de las comunidades vegetales
donde predominan las hierbas, se destacan las formaciones litófilas:
comunidades que habitan sobre rocas, donde no hay suelo. Por ello, las
plantas aprovechan las grietas donde se acumula tierra y humedad suficiente
para permitir su crecimiento. En estas condiciones ambientales extremas,
con escasa disponibilidad de nutrientes y agua, se desarrollan los líquenes.
A los líquenes se le asocian algunos cactus, en general de tipo globoso.
La mayor amenaza para este tipo de formación es la colecta de cactáceas,
consideradas de gran valor ornamental.
Otras comunidades herbáceas
son las praderas (asociación de hierbas bajas que predominan en
el paisaje uruguayo) y los pajonales, caraguatales, gramales, cultivos
y rastrojos.
En los bañados, asociados a
una rica vida animal, abundan espadañas, tiriricas, juncos, gramas (un
pasto acuático de tallo flotante que constituye, en verano, un excelente
forraje para el ganado), camalotes y acordeones de agua. La mayor parte
de las plantas acuáticas registradas en Uruguay están representadas en
la Reserva.
Extractado
de www.probides.org.uy
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