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SALUD ·
Un
ensayo español descubre que las estatinas son tan eficaces como los cócteles
de antivirales
Fármacos contra el colesterol para frenar
el sida
España es el segundo
país de la UE con mayor incidencia de casos de sida. Esta situación ha
hecho que los científicos españoles hayan tenido numerosas posibilidades
de investigar sobre la enfermedad. Pero las mayores aportaciones se han
dado en el campo de la epidemiología. Dos publicaciones casi simultáneas
recogen el resultado de dos ensayos que abren vías para el control de
la enfermedad. El primero, dirigido por Carlos Martínez, presidente del
CSIC, muestra la capacidad de las estatinas (fármacos usados contra el
colesterol) para frenar el virus. El segundo, de Eduardo Fernández Cruz,
del hospital Gregorio Marañón, abre la puerta a la primera vacuna terapéutica
contra la enfermedad.
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Carlos
Martínez, presidente del CSIC. |
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El equipo del actual
presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC),
Carlos Martínez, lleva cinco años estudiando cómo entra el virus del sida
(VIH) en las células humanas (en los linfocitos, que destruye, pero también
en otras, como células epiteliales o neuronas, donde se esconde). Sus
últimos datos han revelado que las puertas de entrada son unas regiones
de la superficie celular (rafts, o balsas) caracterizadas por un alto
nivel de colesterol.
En vista de ello,
y en colaboración con los hospitales Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares,
Madrid) y La Paz (Madrid), los investigadores han demostrado que las estatinas,
los fármacos que actualmente se usan contra el colesterol, inhiben la
replicación del VIH en las células humanas. En un pequeño ensayo con seis
pacientes durante un mes, el tratamiento con estatinas redujo la carga
viral en cantidades comparables a los actuales cócteles triples (HAART),
las combinaciones de tres medicamentos contra el sida que se emplean para
tratar la infección.
Si los resultados se confirman en ensayos de mayor escala, las estatinas
se pueden convertir en un nuevo fármaco contra el VIH. Todo nuevo medicamento
antisida es valioso, ya que los actuales, que pertenecen todos ellos a
tres familias, generan, después de un tiempo, virus resistentes en algunos
pacientes.
Las estatinas tienen tres ventajas sobre los fármacos actuales. En primer
lugar, son mucho más baratas (un cóctel cuesta alrededor de 7.000 euros
por paciente y año en España); en segundo, menos tóxicas (los antivirales
tienen importantes efectos secundarios); y, en tercero, son más fáciles
de administrar (la triple terapia tiene complicadas y estrictas pautas
de administración). Además, como son fármacos ya en uso (millones de personas
las toman en el mundo para reducir su colesterol), la mayor parte de la
experimentación clínica (la que se refiere a seguridad y dosis) está ya
hecha y aprobada en todos los países.
Las multinacionales farmacéuticas desarrollan nuevas estatinas continuamente.
El trabajo español está financiado en parte por Pfizer, que aún tiene
algunas estatinas protegidas por una patente. Pero lo más interesante
es que algunas estatinas ya tienen la patente expirada, y ya hay genéricos
(fármacos equivalentes pero de mucho menor precio) en el mercado. Esto
puede convertir las estatinas en una herramienta de inmenso valor en el
Tercer Mundo, donde el acceso a los cócteles antivirales es ínfimo (apenas
llegan al 4% de los seis millones de personas que los necesitan).
El trabajo, que se publica hoy en The Journal of Experimental Medicine,
es producto de una colaboración entre el laboratorio de Martínez, en el
Centro Nacional de Biotecnología (CSIC), con la Universidad de Barcelona
y los hospitales madrileños Príncipe de Asturias y La Paz.
Melchor Álvarez de Mon y Manuel Rodríguez Zapata, del hospital Príncipe
de Asturias, han dirigido el miniensayo clínico. Han reclutado a seis
pacientes seropositivos (infectados por el VIH, pero aún sin síntomas
de sida) que nunca habían recibido el cóctel de fármacos antivirales (HAART),
y los han tratado durante un mes con estatinas, a las dosis habituales
en la medicina cardiovascular (una píldora de 50 miligramos una vez al
día).
"Los resultados fueron llamativos", dice Carlos Martínez. "Los seis pacientes
mostraron una reducción de la carga viral en sangre similar a la que induce
el HAART, entre uno y dos órdenes de magnitud [el equivalente a dividir
la concentración de virus en sangre por diez o por cien]. En otras palabras,
las estatinas detienen la progresión de la infección".
Con millones de usuarios en todo el mundo, es obvio que muchos pacientes
seropositivos habrán tomado ya estatinas, aunque sólo sea porque también
tienen un riesgo cardiaco. Además, las estatinas se recetan a algunos
pacientes para paliar dos de los efectos secundarios de los cócteles antivirales,
la hiperlipidemia (exceso de grasas en la sangre) y la lipodistrofia (acumulación
en grasa en lugares anómalos del cuerpo). Pero si las estatinas contribuyeron
a reducir la carga viral en esos pacientes, que también tomaban los cócteles,
nadie se dio cuenta. Nadie estaba buscando ese efecto.
Pese a que la decisión de ensayar las estatinas se basó en argumentos
biológicos muy sólidos, el descubrimiento ha tenido también un ángulo
inesperado. La principal razón de que las estatinas frenen al VIH no es
que reduzcan el colesterol, sino que también bloquean a una proteína (Rho)
reguladora del citoesqueleto, o sistema de andamios de la célula. El virus
necesita reconfigurar esos andamios para entrar a la célula, y también
para salir de ella una vez que se ha reproducido. Y no puede hacerlo sin
Rho. Este hecho, por cierto, abre la vía para buscar una nueva generación
de fármacos antisida, los reguladores del citoesqueleto, que podrían unirse
a los que actúan sobre las proteínas que regulan la multiplicación del
virus (inhibidores de la proteasa y de la transcritasa inversa) o su entrada
en la célula (inhibidores de la fusión).
Martínez reconoce que es posible que, si el tratamiento del sida con estatinas
se llega a aplicar, haya una posibilidad de que los virus se hagan resistentes
a estos fármacos, como ya ha ocurrido con los cócteles, que generan resistencias
en un 15%-20% de los pacientes. Pero, a diferencia de los antivirales
actuales, las estatinas no atacan a componentes del virus, sino de la
célula humana, y eso deja al VIH sin su principal arma para hacerse resistente:
mutar sus genes a toda velocidad para que el fármaco ya no los reconozca.
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